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Ciudad que fue
de José Luis Bustamante y Rivero


    Editora del fonograma:
    Palabra Virtual

en la voz de Marcelo Cejas    
Página web de los audios de Marcelo Cejas    


Ciudad que fue



(Visión de la Arequipa antigua)               


Esas casas viejas de las calles solas,
esas casas viejas y destartaladas
en que la carcoma de los años idos
desunió las tejas y honrado los nidos;
esas agrietadas casos españolas
de churriguerescas y rancias portadas
con el monograma del Señor Jesús:
tres letras en relieve y una cruz;
esas casas grandes, de zaguán sonoro
en que repercuten antiguas pisadas
de gentes de guerra con espuelas de oro;
esas venerables casas en esquina
donde la devota fe del vecindario
pone luminarias ante la hornacina
del Cristo muriente del Monte Calvario;
esos paredones de los monasterios,
largos, en perpetua y heroica clausura,
detrás de los cuales rezan sus salterios
con meliflua voz
monjitas que visten de estameña oscura
y leen latines por amor de Dios;
esos campanarios de iglesias ancianas
en que las campanas
tocan a maitines
bajo la penumbra del amanecer,
y en que, a los impulsos del valor innato,
tocan a rebato
revolucionarios brazos de mujer;
la calleja que nadie transita,
la farola que nunca se enciende,
el tortuoso arrabal donde habita
buena gente que, crédula, atiende
el relato fisgón de una granuja
que le cuenta la historia de un duende
o el diabólico andar de una bruja;
los conventos de frailes austeros
con leyendas de sangre, y martirios,
y ánimas que cruzan los claustros severos
a la pálida luz de los cirios;
las arcaicas ventanas en ruinas,
con verjas de fierro y estrechos balcones
que se adornan de blancas cortinas
al paso solemne de las procesiones;
los patios floridos, llenos de macetas;
las bóvedas altas, llenas de hendiduras;
las viejas piletas
con tazas de bronce de las plazoletas ,
en torno a las cuales los chicos del barrio
dibujan rayuelas y tincan frejoles;
los templos barrocos de vetustas moles;
los poyos de piedra de las alamedas
donde los abuelos, al caer el sol,
platicaban bajo el dombo secular de las moreras
y a la lumbre de un farol;
todas esas caras reliquias de antaño,
nimbadas en polvo de decrepitud,
tienen confidencia de sabor extraño,
dicen la leyenda magna de un ayer
pleno de arrogancias y beatitud:
Tal las viejecitas apergaminadas
que a los netezuelos, en las portaladas,
es cuentan el cuento de su juventud:
ellas fueron mozas, ellas fueron bellas;
y a las mocedades se las llevó el viento,
y huyó la belleza, y… se acabó el cuento
y quedaron ellas, apergaminadas,
narradoras tristes de cosas pasadas…


                                         Arequipa, julio de 1915



De: José Luis Bustamante y Rivero: vida y obra



JOSÉ LUIS BUSTAMANTE Y RIVERO


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