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Carta abierta
de Washington Benavides


    Editora del fonograma:
    Ayuí

en la voz de Washington Benavides    


Carta abierta



a Nené.


Si yo pudiera, con las palabras más sencillas,
diseñar, como un arquitecto sobre un plano azul
hasta el último pormenor de un bello edificio,
tu boca, edificada para decir ternuras y pastorear besos;
tu cuello, firme como una ley estatuida por el pueblo;
tus pequeños senos, que han creado la proa más firme
en medio de las dificultades que vivimos, y donde anidó
la cabeza de nuestro hijo y las cabecitas de nuestras nietas.
Tu cintura de pilón, como dicen las canciones de Venezuela
y del Brasil, y que yo lo repito como un credo;
tu pubis, afortunadamente no angélico y sí muy humano,
delta de las delicias, sésamo ábrete de mis buenos pensamientos
y mis mejores deseos; tus piernas delicadas y fuertes,
que, sin gimnasias ni adiestramientos, caminaron las calles
con limoneros de Santa Isabel del Paso de Los Toros,
los campos de Tambores y Laureles, las sierras de Carumbé;
navegaron los arroyitos norteños (con alguna tararira clueca y agresiva);
tus pies niños, para los cuales casi no hay calzado, ni siquiera
el zapatico de cristal de Cenicienta, ni el sueco de madera
de abeto de una niñita holandesa, ni una alpargata blanca
de Santa Ana do Livramento. Y las palabras (ya lo ves)
que utilizo no son las más sencillas. Son inventos, son frascos
azules de botica de poeta viejo, que recurre a su oficio, a la memoria,
a su amiga biblioteca, a su-madre-la-música, a la pintura
de todo tiempo. Pero las sencillas. Las que mostrarían el amor
de un hombre sencillo por una mujer sencilla, ésas no están
en mis mochilas, esos paraísos no marcan en mi agenda. Hecha
de sueños. Siempre vagabundos, siempre por caminos o calles
de ciudades desconocidas. Alto. Esto no me sirve de defensa.
Me equivoqué en la tabla de multiplicar del 9. Debo recomenzar,
pero no encuentro esas palabras y manoteo como alguien
que se ahoga en el río y desearía que la superficie se volviera
hielo para afirmarse y escapar a su suerte. Si yo pudiera
con las palabras más sencillas (pero no puedo) juntar
a todos tus valores. Todos. Y cantarlos como un solista
que se adelantara para ofrecer la historia de Juditha Triumphans,
y el aire explotara silenciosamente para elogiar a la mujer
valerosa que se atreve a la espada y la violencia, siendo
como una violeta de jardín tenebroso, humilde como una bica
de Rivera, sin vuelta como una hermosa estación terminal,
como la vida como la muerte como la poesía (ese juego peligroso).



                                                       Montevideo, 24 de setiembre del 2001.



De: La vida parodia al sueño



WASHINGTON BENAVIDES


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