sitemap
Palabra Virtual
sguenos en twitter

Si utilizas un telfono mvil o celular o bien una tablet asegrate que el browser sea compatible con flash para poder escuchar los poemas.

Comparte el poema con tus amigos

Copia y pega este enlace en un mensaje instantneo o de correo electrnico

Comparte el poema en tu blog o pgina personal

Copia y pega este enlace en tu blog o pgina personal





Extraccin de la piedra de locura
de Alejandra Pizarnik


    Editora del fonograma:
    Palabra Virtual

en la voz de Carmen Feito Maeso    


Extraccin de la piedra de locura



Elles, les mes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-remde; elles sont blesses et brises et nul ne les panse.
RUYSBROECK



La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que le acerca del espritu... Cerr los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendr, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueo.

Hablo como en m se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardn en ruinas en la memoria. All yo, ebria de mil muertes, hablo de m conmigo slo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No s los nombres. A quin le dirs que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. Qu pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona otorgada por quin? quin te ha ungido? quin te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria ms vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegoras del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardn. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu mdula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vrtigo, habla de tu respiracin, de tu desolacin, de tu traicin. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.

De repente poseda por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqu el recuerdo de alguna alegra que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Pareca el Eclesiasts: busqu en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (tambin en el sueo lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. A qu hora empez la desgracia? No quiero saber. No quiero ms que un silencio para m y las que fui, un silencio como la pequea choza que encuentran en el bosque los nios perdidos. Y qu s yo qu ha de ser de m si nada rima con nada.

Te despeas. Es el sinfn desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdn de las aguas no puedo vivir. Sin el mrmol final del cielo no puedo morir.

En ti es de noche. Pronto asistirs al animoso encabritarse del animal que eres. Corazn de la noche, habla.

Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.

Hubiese querido ms que esto y a la vez nada.

Va y viene dicindose solo en solitario vaivn. Un perderse gota a gota el sentido de los das. Seuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razn me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita a su vstago en el umbral y huye. Hay una luz tristsima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la nia loba. Ningn dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.

Esta voz vida venida de antiguos plaidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de pequea asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre m. xtasis innoble. T sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. T sabes que nunca sabrs defenderte, que slo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadver, y que se lo coman y se lo beban.

Las moradas del consuelo, la consagracin de la inocencia, la alegra inadjetivable del cuerpo.

Si de pronto una pintura se anima y el nio florentino que miras ardientemente extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofrendarse es el mismo.

Briznas, muecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueo un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus atades. Un momento antes, con bellsimos atavos y parches negros en el ojo, los capitanes saltaban de un bergantn a otro como olas, hermosos como soles.

De manera que so capitanes y atades de colores deliciosos y ahora tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas, no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas pequeas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir no dicen), y luego est el espacio negro -djate caer, djate caer-, umbral de la ms alta inocencia o tal vez tan slo de la locura. Comprendo mi miedo a una rebelin de las pequeas figuras azules y doradas. Alma partida, alma compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el nio pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores y las formas, me encontr haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo momento que el del cuadro se desnudaba y me posea detrs de mis prpados cerrados.

Sonre y yo soy una minscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adis oh adis.

Como una voz no lejos de la noche arde el fuego ms exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pjaro te haba aproximado al calor ms agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cmo la pequea calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno de ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando as de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elega a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi vspera, Y qu puedes t? Sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y t hablas del soplo de los dioses.

No me hables del sol porque me morira. Llvame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoo en un jardn.

Vendrs a m con tu voz apenas coloreada por un acento que me har evocar una puerta abierta, con la sombra de un pjaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja despus de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un rbol, el sol y un animal.

Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoo. Nada esperabas de su venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra qu quieres? Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin lmites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.

Cada hora, cada da, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros y sobre todo yo, que soy ms otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es desanudar mi garganta.

Rpido, tu voz ms oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no s. En el sueo el rey mora de amor por m. Aqu, pequea mendiga, te inmunizan. (Y an tienes cara de nia; varios aos ms y no les caers en gracia ni a los perros.)

mi cuerpo se abra al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
segn un canto ahora olvidado
yo no era an la fugitiva de la msica
yo saba el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abra
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visin
de un jardn prohibido

La que so, la que fue soada. Paisajes prodigiosos para la infancia ms fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razn.

La tenebrosa luminosidad de los sueos ahogados. Agua dolorosa.

El sueo demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una meloda demasiado tarde. La meloda pulsaba mi corazn y yo llor la prdida de mi nico bien, alguien me vio llorando en el sueo y yo expliqu (dentro de lo posible), mediante palabras simples (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adue de mi persona, la arranqu del hermoso delirio, la anonad a fin de serenar el terror que alguien tena a que me muriera en su casa.

Y yo? A cuntos he salvado yo?

El haberme prosternado ante el sufrimiento de los dems, el haberme acallado en honor de los dems.

Retroceda mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazn, la va del xtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueos.

Puertas del corazn, perro apaleado, veo un templo, tiemblo, qu pasa? No pasa. Yo presenta una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de rganos vivos, calor, corazn, respiracin, todo musical y silencioso al mismo tiempo. Qu significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfeccin a largo plazo; medir cada da la probable elevacin de mi espritu, la desaparicin de mis faltas gramaticales. Mi sueo es un sueo sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar comn que asegura que morir es soar. La luz, el vino prohibido, los vrtigos, para quin escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

Visin enlutada, desgarrada, de un jardn con estatuas rotas. Al filo de la madrugada los huesos te dolan. T te desgarras. Te lo prevengo y te lo previne. T te desarmas. Te lo digo, te lo dije. T te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningn nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente t sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hasto, en dnde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de m, de la msica, de los poemas, por qu no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. Y por qu no dicen algo? Y para qu este gran silencio?



De: Extraccin de la piedra de locura



ALEJANDRA PIZARNIK


Copyright Derechos reservados del titular.

Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.



regresar a la pgina anterior 































Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.

El Portal de la Palabra Virtual no persigue ningn fin de lucro ya que tiene como objetivo exclusivamente el carcter cultural y educativo de difundir la poesa hispanoamerica.



Copyright 2006-2008 Palabra Virtual Inc. Todos los derechos reservados.
Copyright 2006-2008 Virtual Word Inc. Worldwide Copyrights.

201 visitantes activos
en este momento


           visitas nicas