Subyugadas, asiduas, con aplicación, una mano tuya y una mía se acarician, fanáticas de un mundo de manos excluyente. No quieren saber que tú y yo mientras tanto nos miramos, abolidos, sin común lenguaje, en las orillas de un lugar de sombra que han creado en su torno para sumirse en él, donde sus tercos roces se vuelven trazos de chispas, donde en su lenguaje de sordez crepitan. Las miramos hacer el amor en otro orden, pero sabremos esperar a que en el límite de su placer sucumban a un dormir dichoso. Lo que estarán soñando entonces será aquí la vigilia de nuestra exaltación.
De: Figuras y melodías
De la primera parte: El dios oscuro
3 de Motivos seculares
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