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Lzaro
de Luis Cernuda


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Luis Cernuda    


Lzaro



Era de madrugada.
Despus de retirada la piedra con trabajo,
Porque no la materia sino el tiempo
Pesaba sobre ella,
Oyeron una voz tranquila
Llamndome, come un amigo llama
Cuando atrs queda alguno
Fatigado de la jornada y cae la sombra.
Hubo un silencio largo.
As lo cuentan ellos que lo vieron.

Yo no recuerdo sino el fro
Extrao que brotaba
Desde la tierra honda, con angustia
De entresueo, y lento iba
A despertar el pecho,
Donde insisti con unos golpes leves,
Avido de tornarse sangre tibia.
En mi cuerpo dola
Un dolor vivo o un dolor soado.

Era otra vez la vida.
Cuando abr los ojos
Fue el alba plida quien dijo
La verdad. Porque aquellos
Rostros vidos, sobre m estaban mudos,
Mordiendo un sueo vago inferioir al milagro,
Come rebao hosco
Que no a la voz sino a la piedra atiende,
Y el sudor de sus frentes
O caer pesado entre la hierba.

Alguien dijo palabras
De nuevo nacimiento.
Mas no hubo all sangre materna
Ni vientre fecundado
Que crea con dolor nueva vida doliente.
Slo anchas vendas, lienzos amarillos
Con olor denso, desnudaban
La carne gris y flccida como fruto pasado;
No el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos,
Sino el cuerpo de un hijo de la muerte.

El cielo rojo abra hacia lo lejos
Tras de olivos y alcores;
El aire estaba en calma.
Mas tremblaban los cuerpos,
Como las ramas cuando el viento sopla,
Brotando de la noche con los brazos tendidos
Para ofrecerme su propio afn estril.
La luz me remorda
Y hund la frente sobre el polvo
Al sentir la pereza de la muerte.

Quise cerrar los ojos,
Buscar la vasta sombra,
La tiniebla primaria
Que su venero esconde bajo el mundo
Lavando de vergenzas la memoria.
Cuando un alma doliente en mis entraas
Grit, por las oscuras galeras
Del cuerpo, agria, desencajada,
Hasta chocar contra el muro de los huesos
Y levantar mareas febriles por la sangre.

Aquel que con su mano sostena
La lmpara testigo del milagro,
Mat brusco la llama,
Porque ya el da estaba con nosotros.
Una rpida sombra sobrevino.
Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos
Llenos de compasin, y hall temblando un alma
Donde mi alma se copiaba inmensa,
Por el amor duea del mundo.

Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,
El borde de una tnica incolora
Plegada, resbalando
Hasta rozar la fosa, como un ala
Cuando a subir tras la luz incita.
Sent de nuevo el sueo, la locura
Y el error de estar vivo
Siendo carne doliente da a da.
Pero l me haba llamado
Y en m no estaba ya sino seguirle.

Por eso, puesto en pie, anduve silencioso,
Aunque todo para m fuera extrao y vano,
Mientras pensaba: as dbieron ellos,
Muerto yo, caminar llevdome a tierra.
La casa estaba lejos;
Otra vez vi sus muros blancos
Y el ciprs del huerto.
Sobre el terrado haba una estrella plida.
Dentro no hallamos lumbre
En el hogar cubierto de ceniza.

Todos le rodearon en la mesa.
Encontr el pan amargo, sin sabor las frutas,
El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;
La palabra hermandad sonaba falsa,
Y de la imagen del amor quedaban
Slo recuerdos vagos bajo el viento.
El conoca que todo estaba muerto
En m, que yo era un muerto
Andando entre los muertos.

Sentado a su derecha me vea
Como aqul que festejan el retorno.
La mano suya descansaba cerca
Y reclin la frente sobre ella
Con asco de mi cuerpo y alma.
As ped en silencio, como se pide
A Dios, porque su nombre,
Ms vasto que los templos, los mares, las estrellas,
Cabe en el desconsuelo del hombre que est solo,
Fuerza para llevar la vida nuevamente.

As rogu, con lgrimas,
Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,
Trabajando, no para mi vida ni mi espritu,
Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista
Ahora. La hermosura es paciencia.
S que el lirio del campo,
Tras de su humilde oscuridad en tantas noches
Con larga espera bajo tierra,
Del tallo verde erguido a la corola alba
Irrumpe un da en gloria triunfante.


De: Las nubes



LUIS CERNUDA


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