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El insomnio de Jovellanos
de Luis Garca Montero


    Editora del fonograma:
    Visor Libros

en la voz de Luis Garca Montero    


El insomnio de Jovellanos



Castillo de Bellver, 1 de abril de 1808.


Porque s que los sueos se corrompen,
he dejado los sueos.
El mar sigue movindose en la orilla.

Pasan las estaciones como huellas sin rumbo,
la luz intil del invierno,
los veranos intiles.
Pasa tambin mi sombra, se sucede
por el castillo solitario,
como la huella negra que los aos y el viento
han dejado en los muros.
Estaciones, recuerdos de mi vida,
viene el mar y nos borra.

El mar sigue movindose en la noche,
cuando es slo murmullo repetido,
una intuicin lejana que se encierra en los ojos
y esconde en el silencio de mi celda
todas las cosas juntas,
la cobarda, el sueo, la nostalgia,
lo que vuelve a la orilla despus de los naufragios.

Al filo de la luz, cuando amanece,
busco en el mar
y el mar es una espada
y de mis ojos salen
los barcos que han nacido de mis noches.
Unos van hacia Espaa,
reino de las hogueras y las supersticiones,
pasado sin futuro
que duele todava en manos del presente.

El invierno es el tiempo de la meditacin.

Otros barcos navegan a las costas de Francia,
all donde los sueos se corrompen
como una flor pisada,
donde la libertad
fue la rosa de todos los patbulos
y la fruta ms bella se hizo amarga en la boca.

El verano es el tiempo de la meditacin.

Y el mar sigue movindose. Yo busco
un tiempo mo entre dos olas,
ese mundo flexible de la orilla,
que retiene los pasos un momento,
nada ms que un momento,
entre la realidad y sus fronteras.

Lo s,
meditaciones tristes de cautivo...
no sabra negarlo.
Prisionero y enfermo, derrotado,
lloro la ausencia de mi patria,
de mis pocos amigos,
de todo lo que amaba el corazn.

En el mismo horizonte
del que surgen los das y la luz
que acaricia los pinos y calienta mi celda,
surgen tambin la noche y los naufragios.
Mis das y mis noches son el tiempo
de la meditacin.

Porque s que los sueos se corrompen
he dejado los sueos,
pero cierro los ojos y el mar sigue movindose
y con l mi deseo
y puedo imaginarme
mi libertad, las costas del Cantbrico,
los pasos que se alargan en la playa
o la conversacin de dos amigos.

All,
rozadas por el agua,
escribir mis huellas en la arena.
Van a durar muy poco, ya lo s,
nada ms que un momento.

El mar nos cubrir,
pero han de ser las huellas de un hombre ms feliz
en un pas ms libre.




De: Habitaciones separadas



LUIS GARCA MONTERO


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