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Los hombres del alba
de Efran Huerta


    Editora del fonograma:
    Entre voces. FCE

en la voz de David Huerta    


Los hombres del alba



Y despus, aqu, en el oscuro seno del ro ms oscuro,
en lo ms hondo y verde de la vieja ciudad,
estos hombres tatuados: ojos como diamantes,
bruscas bocas de odio ms insomnio,
algunas rosas o azucenas en las manos
y una desesperante rfaga de sudor.

Son los que tienen en vez de corazn
un perro enloquecido
o una simple manzana luminosa
o un frasco con saliva y alcohol
o el murmullo de la una de la maana
o un corazn como cualquiera otro.

Son los hombres del alba.
Los bandidos con la barba crecida
y el bendito cinismo endurecido,
los asesinos cautelosos
con la ferocidad sobre los hombros,
los maricas con fiebre en las orejas
y en los blandos riones,
los violadores,
los profesionales del desprecio,
los del aguardiente en las arterias,
los que gritan, allan como lobos
con las patas heladas.
Los hombres ms abandonados,
ms locos, ms valientes:
los ms puros.

Ellos estn cados de sueo y esperanzas,
con los ojos en alto, la piel gris
y un eterno sollozo en la garganta.
Pero hablan. al fin la noche es una misma
siempre, y siempre fugitiva:
es un dulce tormento, un consuelo sencillo,
una negra sonrisa de alegra,
un modo diferente de conspirar,
una corriente tibia temerosa
de conocer la vida un poco envenenada.
Ellos hablan del da. Del da,
que no les pertenece, en que no se pertenecen,
en que son ms esclavos; del da,
en que no hay ms camino
que un prolongado silencio
o una definitiva rebelin.

Pero yo s que tienen miedo del alba.
S que aman la noche y sus lecciones escalofriantes.
S de la lluvia nocturna cayendo
como sobre cadveres.
S que ellos construyen con sus huesos
un sereno monumento a la angustia.
Ellos y yo sabemos estas cosas:
que la gemidora metralla nocturna,
despus de alborotar brazos y muertes,
despus de oficiar apasionadamente
como madre del miedo,
se resuelve en rumor,
en penetrante ruido,
en cosa helada y acariciante,
en poderoso rbol con espinas plateadas,
en reseca alambrada:
en alba. En alba
con eficacia de pecho desafiante.

Entonces un dolor desnudo y terso
aparece en el mundo.
Y los hombres son pedazos de alba,
son tigres en guardia,
son pjaros entre hebras de plata,
son escombros de voces.
Y el alba negrera se mete en todas partes:
en las races torturadas,
en las botellas estallantes de rabia,
en las orejas amoratadas,
en el hmedo desconsuelo de los asesinos,
en la boca de los nios dormidos.

Pero los hombres del alba se repiten
en forma clamorosa,
y ren y mueren como guitarras pisoteadas,
con la cabeza limpia
y el corazn blindado.



De: Los hombres del alba



EFRAN HUERTA


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