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Enumeracin de la patria
de Silvina Ocampo


    30 aos. Madres coraje

    Editora del videograma:
    TEA Imagen

por Maril Marini    
Colaboracin: Emilio Cartoy Daz    
Pgina web de TEA Imagen    


Enumeracin de la patria


Oh, desmedido territorio nuestro,
violentsimo y prvulo. Te muestro
en un infiel espejo: tus paisanos
esplendores, tus campos y veranos
sonoros de relinchos quebradizos,
tus noches y caminos despoblados
y con rebaos de ojos constelados.
Entre bandadas de rboles mestizos,
entre mltiples sombras y basuras,
te muestro con nostalgias asombradas,
con nias de trece aos y maduras,
en las puestas de sol inmoderadas.

Trmulas nervaduras de una hoja,
los ros te atraviesan de agua roja
sobre el primer cuaderno de paisajes
pintados por la mano de algn nio.
Tienes plantas y pjaros salvajes,
somnolientas mujeres en corpio
trenzndose los dedos, quietas balsas
para vadear los ros, cangrejales
devoradores de hombres y animales,
montones de hijas negras y descalzas
cruzando tus desiertos y estaciones.
Tienes provincias y gobernaciones,
poblaciones vacas y distancias
con nombres melanclicos de estancias,
indomables cansancios y mortales
pavorosos pantanos estivales,
mdanos, viento norte y osamentas,
fragancias de altamisas y de mentas,
almacenes en todas las esquinas,
grandes patios con muchas ventolinas.
Tienes plantas perversas y sumisas,
con todos los venenos predilectos
de muertes repentinas y precisas,
como en las grandes cajas con insectos
colecciones de araas venenosas,
paldicos mosquitos, mariposas.

Patria, he nacido tantas veces muda!
Inmvil como un rbol he dejado
tu cielo iluminarme de rosado.
He visto la llanura tan desnuda
quedndose sin pastos, y sin riegos
tus plantaciones, tus huertas escasas.
He visto disparar caballos ciegos.
En distintas ventanas de tus casas,
deslumbrada y atenta, he conocido
inclementes tormentas. He odo
el grito del chaj y del teruteru,
el grito de la garza y de la iguana,
y llevando la tropa cotidiana,
alto y nocturno, el grito del resero.
He respirado todos tus olores:
frescura de jazmn en los calores
de febrero, magnolias, malvarrosas,
perfumes de tumbergias pegajosas
y el fervoroso olor de los zorrinos.
En quintas con glorietas, y en las noches
vuelo de pjaros azulmarinos,
tu canto de piedritas y de coches
me ha regalado infancias prolongadas,
dulce de leche y siestas desveladas,
verdes y embalsamados picaflores,
la fuente sostenida por amores,
bombas de carnaval anaranjadas
y hamacas paraguayas olvidadas.

Patria, en una plaza, de memoria
he sabido pasajes de tu historia.
Debajo de la mano indicadora
de San Martn, he sido la impostora
de indios en los lmpidos ponientes.
He transformado prceres dolientes
con cuidadoso lpiz colorado,
invasiones inglesas he soado
en azoteas llenas de improviso
aceite hirviendo y pelo suelto. He visto
a la Santa de Lima desatando
los temporales turbios y adorando,
sobre un papel de encaje, corazones
y tocayas con muchas perfecciones.

Patria vaca y grande, indefinida
como un pas lejano, interrumpida
por la llegada lenta de los trenes,
con jubilosa espera en los andenes.
Es en la madrugada incierta, cuando
tus gauchos invisibles van cruzando
potreros alambrados y caadas,
jageles y tranqueras atrofiadas,
que tu alma lenta y de madre se queda
con silencios de urraca en la arboleda.
Tu ancho ro tiene mimetismos
secretos con tus dulces, con tus cielos
y tus grajeas lilas de bautismos.
Ecuatorial calor y azules hielos
en tus montaas, derramadas piedras
como bandadas de tortugas, hiedras.
Eres esplendorosa y desvalida:
con un fro y ardor que no descansa
desde el Seno de la ltima Esperanza
al Pilcomayo de agua bienvenida,
la indolente violencia de tus tierras
se repite con lunas o entre sierras.



De: Enumeracin de la patria y otros poemas



SILVINA OCAMPO


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