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Correspondencia

una revista literatosa

Por Jorge Carrol

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Las revistas literatosas suelen ser, por suerte, de vida corta, y lo mismo ocurrió con Correspondencia, que hacia mediados de 1956, dimos vida en Buenos Aires, Jaime Alberto Barceló (músico y publicista), Ramiro de Casasbellas (poeta e incipiente periodista, por entonces), Claudio David (diletante y músico), Eduardo Dessein (abogado y novelista), Juan van Deurs (abogado y marino de agua dulce), César Fernández Moreno (poeta y abogado) y su hermano Manrique (poeta, novelista y años después, diplomático), Sigfrido Radaelli (poeta y abogado), Juan Diego Vila (Yanqu), para los que fuimos compañeros de este delirante abogado y pianista) y este memorioso, que por aquellos años, apenas había cruzado la puerta de sus primeros 23 años. La supuesta redacción de la revista, estaba en la calle Chile 871, piso 3º, departamento G, es decir en pleno barrio de Balvanera, calle por medio del edificio donde vivían los hermanos Canto, el muy Patricio y nuestra amiga (ya por entonces, ex novia de Borges), Estela. Barrio y calles que supieron de los pasos enamorados de quien encontrara el Aleph, a pocas cuadras de allí, en la calle Garay.

El primero de los tres números salió en julio de 1957 y estuvo a cargo de los hijos varones del inolvidable Baldomero: César y Manro, Ramero de Casaspúblicas y Sufrido Radaelli. Lo primero que se destacaba en Correspondencia, era su humor: “¡Ojo!… (…) Cada director o colaborador es responsable exclusivo de las ideas que vierta; por lo tanto, él solo debe secarlas. / Representantes en el exterior: las tapas. (…) Fe de erratas: no; cualquier errata mejora nuestros textos.”, podía leerse en la contraportada, que daba cabida a un sumario donde lo mejor fue, el poema de César, “Argentino hasta la muerte”:

“A Buenos Aires la fundaron dos veces

a mí me fundaron cuatro

ustedes han visto cuántos abuelos tiene uno

porque yo igual que Buenos Aires

no estaba aquí me trajeron de Europa

y bueno soy argentino
.”

Un hermoso poema que César nos había leído por primera vez, el 26 de mayo de 1954, en un acto patrocinado por Amigos del Libro, en el Salón Kraft.

Complementaban aquel número virginal: “Vida y poesía de César Vallejo”, un cálido estudio de Casasbellas, con motivo de haber cumplido el mes abril de ese año, 18 años de la partida del gran poeta peruano, en París; “Se previene que habiendo escalera a disposición del público el propietario sólo permite el uso del ascensor con la condición expresa de no responsabilizarse por accidentes que pueda causar”, un adelanto de la que fuera una lamentablemente ninguneada novela de Manro F.M.; “La licuadora”, una hilarante y cáustica sección crítica, donde hacíamos los primeros pininos en este deprimente género, Miguel Brascó y la mayoría de quienes hacíamos Correspondencia. De “La Licuadora” rescato algunas frases del Refranero Culto, de la F.O.S.Y.A. (La Federación de Obsesos Sexuales y Afines, de la que fuimos orgullosos fundadores): “Donde las dylan thomas / No por mucho marechal amanece marlon brando. / No hay dos passos sin trejo. / Larreta con sastre entra.”

El segundo número salió en Octubre de 1956 y estuvieron a cargo de ese número los Fernández Moreno y el muy Ramiro. Lo mejor del sumario, fue un texto inédito de Fernández Moreno (el primero, el padre, el muy Baldomero): “Figuras del polvo y de la garúa”; un estupendo trabajo de Barceló y Claudio David, “Querella contra la crítica musical”; un estudio de Rubén Vela (poeta y años más tarde, elegante y culto embajador argentino) sobre “Realidad de la nueva poesía argentina”; un fenomenal trabajo de César, donde demostraba a cabalidad “De cómo Sur perdió su norte”; y en jugosa “Licuadora”, se destacaba la copia de un documento, dado a la luz por Yanqui Villa, donde se mostraba que el crítico musical Jorge D’Urbano, recientemente designado Director del Teatro Colón, daba muestras de supina obediencia al defenestrado entonces, primer régimen peronista. Nunca supe las razones porque las páginas dedicadas a la poesía, las ocupé ocho poemas míos, en uno de los cuales ya anunciaba mis desencuentros:

“Carrol avanza; avanza despacio: vos sos yo.”

El tercer y último número apareció en Mayo de 1957; por entonces yo vivía en Necochea, frente al Atlántico, allí donde el Sur posiblemente comienza. Estuvieron nuevamente a cargo de este número final, los mismos 4 de la primera Correspondencia. Rescato el perfume del humor sangrón de su contrataportada, dedicado a otras literatosas revistas porteñas de entonces: “¡Ojo! Hay de todo en los Viñas de Contorno. Reapareció A partir de cero, revista estrecha. Ventana de Buenos Aires sigue atrancada. En resumen: estudie literatura por Correspondencia. Salvando un error: En nuestra fe de erratas del número anterior se deslizó un pequeño error que nos apresuramos a corregir: donde dice debe decir, debe decir donde dice; y donde dice donde dice, debe decir debe decir.”

Del sumario, quizá lo mejor fue “A propósito de Bertolt Brecht”, un trabajo de Brascó, por entonces abogado, poeta y humorista, y no el bobalizado bond vivant epicúreo y sommelier de los últimos veinte años; un cuento del chango Muñoz Unsain, antes de marcharse definitivamente a Cuba: “La víctima perfecta”; y la divertida “Licuadora”.

Eran otros tiempos. Ya no están ni César con su pinta, ni Ramiro pisando cabezas. La última vez que estuve con César, fue en un café en París, y con Casasbellas, en la desaparecida Confitería del Águila, que lucía su gloriosa decadencia porteña en la esquina de Callao y Santa Fe. De los demás, sólo doy fe de Manrique con quien a veces nos vimos en Madrizzz o en Buenos Aires. La vida como las revistas literatosas, no da para mucho más…


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Asado en Madrizzz, 1987. Marta y Nicolás Espiro, psicoanalistas. Meriel de Fernández Moreno. Flora Basterrecha, psicoanalista. Roma Mahieu, dramaturga. José Agustín Mahieu, crítico cinematográfico. El autor de estas Memoriabiertas y Manrique Fernández Moreno, poeta, novelista y diplomático.

 

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